Existen datos que indican que a principios del siglo XIX se realizaban reuniones
culturales y deportivas de nivel internacional, donde las personas necesitaban
utilizar signos diferentes de los usados en sus comunidades para poder
comunicarse entre sí. A partir de la creación del C.I.S.S. (Comité
Internacional de Deportes de Sordos), en 1924, y de la F.M.S. (Federación
Mundial de Sordos), en 1951, los encuentros entre personas sordas de diferentes
países son cada vez más frecuentes, teniendo en cuenta que estos organismos
empiezan a celebrar, respectivamente (cada organización por sí misma), los
Juegos Mundiales y los Congresos Mundiales, cada 4 años.
La historia del deporte para sordos es muy extensa aunque
apenas es de dominio público, de hecho fue el primer grupo de personas con
necesidades especiales que decidió participar en competiciones de oyentes, en el
siglo XIX. Pero no fue hasta 1888 cuando un grupo de sordos alemanes crearon un
club deportivo compuesto únicamente por sordos.
Mucho tiempo tuvo que pasar para que se creara el
reconocimiento internacional del deporte de sordos. En 1924 nació Comité
International des Sport des Sourds (C.I.S.S) con el que comenzaron las
competiciones deportivas internacionales para sordos. Cuando el C.O.I.
(Comité Olímpico Internacional) reconoció al CISS, en 1955, comenzaron a
celebrarse cada cuatro años los Juegos Mundiales para Sordos, creándose también
los Juegos de Invierno, intercalándose cada dos años los de verano y los de
invierno.
Poco se conoce del funcionamiento de esta Federación
Internacional de discapacitados auditivos y sordos. Sus competiciones se
encuentran en controversia con el movimiento Paralímpico ya que prefieren
organizar sus eventos separados a través de las Olimpiadas Silenciosas.
En 1981 se fundó la European Deaf Sport Organization
(EDSO) sufragada por cuatro países: Bélgica, Dinamarca, Francia y Holanda.
Francia se ofreció a organizar el I Congreso del EDSO, donde fue nombrado el
primer presidente, el holandés Henny de Haas. A partir de aquí el número de
países participantes ha ido evolucionando incrementándose la lista de países
europeos inscritos.
En España tuvo lugar su fundación en 1949 con la
presidencia de Marcos Anavi Benavideste y durante diez años fue construyéndose
poco a poco asentándose el organismo aunque existían pocas actividades
deportivas.
El deporte empieza a funcionar oficialmente al comienzo de
la década de los años 60, inscribiéndose por primera vez en el CISS y
participando en los Juegos Mundiales para Sordos. A partir de entonces se
comenzaron a celebrar Campeonatos de España de Deportes para Sordos, en un
principio sólo de fútbol y ajedrez, pero comenzaron a tener muchos problemas
llegándose a suspenderse en varias ediciones.
En la actualidad, se piensa que el deporte no necesita
adaptación a la condición física del sordo por cuanto su complexión es idéntica
a la de las personas sin problemas auditivos; aunque sí se necesitan pequeñas
adaptaciones como ayudas visuales a las indicaciones de los jueces en plena
competición, pero los clubes normalizados aceptan al deportista sordo en casos
muy concretos y puntuales y nunca suelen darles la oportunidad de practicarlo
oficialmente.
Cuando aparece el Real Decreto 1835/91, de 20 de diciembre,
sobre Federaciones Deportivas Españolas y Registro de Asociaciones Deportivas,
se reconoce la necesidad de crear una Federación de Deportes para sordos, como
complemento de La Ley del Deporte 10/1990. En 1993, la Comisión Directiva del
Consejo Superior de Deportes dio su aprobación y consiguiente inscripción en el
Registro de Federación Deportiva, con el número 48, apareciendo así una
legislación que regula el deporte para sordos de una manera oficial. Realizan
los Juegos Mundiales de verano o invierno y las Olimpiadas silenciosas cada
cuatro años.
Al igual que en las demás discapacidades, la práctica de
actividad física o deporte no solo les beneficia físicamente, sino que produce
un fuerte cambio en la personalidad del sordo/a haciéndoles más tratables y
eliminando una barrera que existe ante el entorno humano que les rodea,
desapareciendo las cualidades de aislamiento y soledad que existen en su
colectivo.

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